AGRICULTURA CON “MALEZAS”. EL CASO DEL “CHONDUR”. 2a parte. Hacia una TEORIZACIÓN

RESUMEN DEL PROBLEMA ENUNCIADO:

  1. Una ciperácea denominada en algunos sitios de Colombia “Chondur” invadió intensamente al menos 14 /180 pequeños potreros anunciando un problema que podría reducir dramáticamente la oferta de forraje de la pastura nativa denominada micay, eje de mi pequeño sistema de producción ganadera.
  2. La rotación Voisín ha provocado un mejoramiento general de las praderas de micay a excepción de los lotes mencionados, de ahí que vale la pena seguir conservando la pastura. Pero cómo impedir el avance del problema?
  3. Si bien la siembra de pasto imperial ha dado resultado hasta el momento (hay ya una experiencia de 4 años) y usado en el esquema de la rotación Voisin se ve cada vez mejor (compite muy bien por su altura, producción de sombrío, capacidad de extenderse en el terreno y una excelente palatabilidad) tiene dos aspectos que pueden causar problemas a futuro: su susceptibilidad a la bacteriosis y una tendencia a convertirse en  cobertura única, impidiendo la presencia de otros pastos y “malezas” comestibles, una reducción dramática de la biodiversidad vegetal, lo cual refuerza la idea de encontrar un mejoramiento en el manejo del micay, tolerante de otras especies. Lo ideal cuando se pastorea con imperial es tener una combinación con el micay, pero si la invasión del Chondur es alta se debe tener imperial en distancias de siembra cortas en los surcos y al menos 1 m entre-surcos; así se provoca un buen pisoteo del “Chondur”por el ganado.
  4. Se ha notado también que las introducciones en las zonas más bajas de Brachiaria decumbens, pasto estrella y urare, por sus procesos rápidos de recuperación post pastoreo compiten bien con el “Chondur” pero reducen flexibilidad en el manejo de las rotaciones por su rápida lignificación aunque es conveniente  tener algunos potreros con estas pasturas para que sirvan en épocas de escasez como colchón amortiguador, sin olvidar que esta ventaja se convierte en desventaja – si es la base de la rotación- por la reaparición con el tiempo de poblaciones altas de garrapatas.
  5. A continuación intentaré elaborar algunas explicaciones apoyado en los esquemas conceptuales de Michel Sebillotte y en el examen crítico de la rotación Voisin para elaborar una hipótesis que ayude a orientar la investigación y nuevas decisiones operacionales.

ERRORES COMETIDOS EN LA ROTACIÓN VOISIN

LOS LIMITES

 Es fácil cometer errores en la rotación Voisin. La denominación  “leyes del pastoreo racional” provoca rigidez a las decisiones de campo. Una recontextualización en las condiciones tropicales y especificidad parece necesaria para hacer un buen acoplamiento con la naturaleza de nuestra naturaleza andina. En lugar de “leyes” inamovibles cada momento de la explotación exige toma de decisiones específicas para ese momento, según las prioridades y objetivos, pero congruentes con las presiones que la naturaleza establece. Ahora, si se producen nuevos errores la posibilidad de corregir a tiempo la ruta equivocada es la nueva pregunta a resolver. El piloto tiene que ser entonces, un estratega con buena información no solo de la historia de la explotación sino de cada lote y de las condiciones socio-económicas a fin de ajustar las variables que tienen posibilidades de ser influidas introduciendo flexibilidad no solo en los tiempos de descanso, ocupación, cargas por área, también de las metas objetivo en productividad y rentabilidad. 

Se convierte entonces en un tema diario la toma de decisiones sobre la salida de los animales de cada potrero y la observación de su estado, un complemento importante de los registros históricos de cada lote. Se debe adoptar un sistema de observaciones durante cada rotación y establecer con la ayuda de criterios generales, criterios más específicos adaptados a la situación particular de cada finca, tanto económica como ambientalmente. El contexto es determinante:

a. La pastura dominante. Las pasturas nativas tienen la ventaja de su acoplamiento al medio. Pero como se demuestra en mi caso, ese acoplamiento puede desajustarse por las intervenciones técnicas. ¿Cuáles? ¿Es la rotación Voisin la causa? O, hay algún elemento de la rotación que genere en su “cronicidad” (la repetición durante varios años o décadas) un “efecto acumulado” desfavorable para las necesidades productivas de la explotación? Es asombroso que aún persista el pasto micay después de 80 años de establecimiento ganadero en el sitio, pero, a medida que voy superando mis ignorancias sobre su manejo, descubro que demanda entre 120 a 200 días de descanso en las condiciones climáticas de la finca de Los Altos donde las temperaturas bajas (16ºC en las madrugadas y 24º de día) enlentecen el crecimiento, situación que no parece afectar el desarrollo de los animales jóvenes. De otra parte, algunos indicadores utilizados para establecer tiempos de descanso (como el inicio de floraciones) parecen  insuficientes para el caso del micay y el imperial que dependen además de su período pospastoreo de los ciclos climáticos en sus variaciones de temperaturas, sequía o humedades extremas.

b. Ahora, si hubo un mal manejo de la rotación, ¿dónde estuvieron los errores? La existencia de un mejoramiento generalizado en la producción forrajera de micay a pesar de las oscilaciones climáticas indicaría que no es la pastura el problema, aunque hay cierta fragilidad  en su capacidad de competir con otras “malezas”. Ubicar entonces en el sistema de manejo el momento de mayor fragilidad en la competencia podría ser el camino del descubrimiento del o los errores cometidos en los sitios donde se desarrolló el “chondur”. Todo parece indicar (a modo de hipótesis) que el momento que se hace la limpieza después del pastoreo y su combinación con los tiempos de descanso cortos le impidieron al micay hacer un buen sombreamiento del Chondur. Dicho de otra manera, si la limpieza se realiza inmediatamente ocurre el pastoreo, la fase inicial lenta de recuperación del follaje del micay hace que «micro» espacios del terreno se ocupen con los nuevos crecimientos del  “Chondur” cuyos rizomas rebrotan con mayor rapidez ya que no son pastoreados a la vez que el corte con la motoguadaña los estimula. El enlentecimiento del crecimiento del micay en clima frío agudizaría su incapacidad de competir por un tiempo, una desventaja fisiológica mientras al “Chondur” se le brindan las mejores condiciones para su desarrollo.

Fig. 1. Contraste entre las fases de crecimiento rápido del micay vs «chondur».

El periodo crítico para pastorear o hacer limpiezas de lotes sería la franja roja donde los tubérculos y rizomas aumentan en número y el sistema radical del micay agota sus reservas nutricionales mientras se produce fotosíntesis con nuevo follaje.

Si la hipótesis es válida tendría un efecto en la modificación del momento de las limpiezas, de su necesidad o del pastoreo, según la intensidad del problema:

  1. Retrasar la limpieza si hay otras especies que no son consumidas por los animales. 
  2. No realizar limpiezas si hay invasión únicamente por “Chondur”. El manejo y el pisoteo de los animales iniciaría una disminución del problema en el mediano plazo.
  3. Aumentar el tiempo de descanso hasta que el micay inicie su crecimiento acelerado y luego realizar una limpieza alta que le deje suficiente follaje para seguir haciendo fotosíntesis y luego establecer un ciclo de descanso lo suficientemente largo para que la cobertura con el sombrío y la humedad que le provoca al suelo vaya aminorando la población de raíces y rizomas que inician procesos de pudrición del Chondur que a la vez irían aportando al autoabonamiento del suelo. En lo posible periódicamente permitir tiempos de descanso muy altos para que el pisoteo de los animales haga también resiembra del micay. Los «salteos» y el esquema de manejo se asimilaría al tratamiento de una ENFERMEDAD INVASIVA donde se orienta al control del “patógeno” cuando su población supera los límites tolerantes en el huésped.

CONCLUSIÓN: Las observaciones realizadas hasta el momento y las introducciones de nuevos pastizales que reducen el problema de la invasión del “Chondur” a su mínima expresión parecen indicar que su diseminación es un problema de manejo, como ocurre también con el Cyperus rotundus  . Deberán pasar algunos años para mirar si las nuevas decisiones tienen el efecto esperado. Ahora quiero mostrar algunas fotos de la evolución de la interacción del Chondur con el imperial en el proceso de las rotaciones Voisin:

  1. Previo a pastoreo 

Lote que se encontraba inhabilitado en más del 90 % por el Chondur, completamente recuperado con Imperial. Obsérvese, recién pastoreado  los espacios entre plantas sin “la maleza” ahora con pequeños rebrotes de plántulas de imperial o micay

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AGRICULTURA CON «MALEZAS» El caso de una ciperácea emergente. Reflexiones y manejo actual

La historia humana es relativamente inteligible a posteriori, pero siempre imprevisible a priori

Edgar Morin

Una ciperácea que puede confundirse con Cyperus rotundus L (llamada en Colombia «coquito» y por los expertos de la agricultura «la peor maleza del mundo”) viene emergiendo agresivamente en algunos de los 180 pequeños potreros que dispongo para el funcionamiento del sistema de pastoreo racional Voisin. Se diferencia por sus inflorescencias distribuidas a lo largo del escapo floral mientras rotundus las posee al final organizadas en umbela. También porque tiene su nicho en los climas algo fríos  de las montañas andinas y el coquito en regiones cálidas y no es nativo del trópico suramericano. Algunos conocidos me dicen que su nombre es chondur (Cyperus articulata?) pero también difiere en su inflorescencia y hábitats. La llamaré Cyperus sp. mientras ubico con algún grado de precisión su nombre científico o una denominación que ayude a su reconocimiento; también «chondur» con comillas como hago con 

las «malezas». En general noto que muchas ciperáceas que tienen tubérculos y rizomas, se denominan genéricamente Chondur o Chondul en las culturas nativas ancestrales que se orientan a la búsqueda de soluciones medicinales en las raíces. Ahora, regresando al tema de su conversión en «maleza», sus reservas nutricionales y de humedad en la zona de raíces, abundancia de semillas y posiblemente sustancias alelopáticas le asemejan al coquito por su capacidad de pervivencia en diferentes regiones agrícolas y ganaderas a pesar del uso de herbicidas, aunque no encuentro referencias en este aspecto para el “Chondur”.

LA CONVERSIÓN EN PROBLEMA Y LAS DINÁMICAS “SECRETAS”  DE LA NATURALEZA

Hace cinco años dos lotes que perdieron el 80 % de su capacidad productiva de forraje  en pasturas de micay (Axonopus micay) y la ausencia del consumo por el ganado a pesar de la presión del sistema de pastoreo, empezaron a llamar mi atención activando mi conciencia sobre la existencia de un problema que podría tener consecuencias económicas en un sistema de producción que depende de este forraje. Mi doble condición de agrónomo y agricultor me obliga no solo a buscar soluciones, sino a la vez, intentar explicar el fenómeno y prevenir su avance que afecta ya 14 pequeños potreros hacia 2025. Un proceso muy interesante ha ocurrido en estos años con el uso de una estrategia dual (sin aplicación de herbicidas) que comparto con los lectores por si les fuese de utilidad: la búsqueda de soluciones pragmáticas a partir de observaciones de campo que por suerte fueron exitosas y la formulación de hipótesis derivadas de explicaciones teóricas sobre el surgimiento del problema orientadoras de mejores observaciones  y de pequeños ensayos experimentales sobre posibles “disparadores” (en el lenguaje de Humberto Maturana) de la respuesta de la naturaleza, explicaciones que permitieran corregir errores y evitar lo que aquí llamo “emergencia”.

Imperial de 4 años en lote que había sido invadido por “Chondur”. Pasto estrella como graminea invasora. El Braquiaria decumbens muestra también buen cubrimiento

ALGUNAS ANOTACIONES PRELIMINARES

Hacia 1980 inicié mi transformación agronómica ayudado por el trabajo crítico que presentó en Cuba André Voisin, titulado “Influencia del suelo sobre el animal a través de la planta”. Con él aprendí a valorar las tradiciones agrícolas, el empirismo campesino, sus límites y los efectos de la aplicación de las técnicas modernas en la salud de los suelos, animales y humanos. Unos años después descubrí el aporte a la teoría agronómica de  Michel Sebillotte quien definía con precisión en “Agronomía y agricultura, ensayo de análisis de las tareas del agrónomo”  nuestro oficio, que en su momento se confundía con el portador de un conocimiento científico para la agricultura, enfoque que dió origen a la llamada Revolución verde, una sumatoria de aplicaciones técnicas de muchas disciplinas especializadas que lograron integrarse en un “paquete tecnológico” artificializador del medio ambiente del cultivo.  Como no se pueden controlar todas las variables y menos sus interacciones y retroacciones, la naturaleza en su complejidad, introduce impredecibilidad sobre los resultados de las intervenciones técnicas y algunos años después aparecen sorpresas inesperadas. El caso que relato es un ejemplo de la necesidad de estar en “estado de alerta” para reconocer lo que estoy llamando “las dinámicas secretas de la naturaleza” y actuar en consecuencia cambiando de rumbo si es necesario.

LAS OBSERVACIONES INICIALES nos hacían ver que las áreas sin arborización mostraban mayor invasión pero la existencia de  sitios donde el micay compite bien con el “chondur” aunque no exista sombrío y también sitios con sombrío donde hay  “invasión” del chondur nos inducía a tener dudas sobre el efecto regulador de la sombra que hasta ahora se tenía con el chagualo (Myrsine guianensis) provocando una pregunta: ¿Si el sombrío es importante en el manejo del problema, bajo qué condiciones? No recuerdo que “existiera” esta planta cuando inicié mis intervenciones en 1980, pero conocía la evolución del coquito cuando se transformaron las ganaderías extensivas del Valle del Cauca en tierras agrícolas mecanizadas y se diseminó en las zonas cálidas. En esa época, la desviación del tránsito vehicular en la región sur occidental del municipio de Dagua hacia la nueva carretera a Buenaventura y la prohibición de la venta de leche cruda en las ciudades había desajustado las economías campesinas que se orientaban a la producción de ganado doble propósito en las cuales la producción de leche servía para el sostenimiento de los gastos de funcionamiento. La finca de los Altos de propiedad de mi padre, organizada bajo el esquema tradicional extensivo, llevaba más de 10 años sin limpieza de potreros -un proceso costoso que se realizaba manualmente con machete- y se encontraba invadida con grandes helechales y arbustos de Chilcas que disminuían su productividad y agudizaban la crisis financiera. En ese contexto y basado en un arreglo económico que le permitía a mi padre usufructuar la explotación, se iniciaron intervenciones técnicas para mejorar la producción de forraje. El “Chondur” no se “hizo conocer” hasta que estuvo bien instrumentado el sistema de pastoreo racional Voisín con el uso intensivo del terreno basado en lotes pequeños distribuidos imaginativamente en un territorio que tenía menos del 3% de tierras planas, fuertemente quebradas entre el 25 y 50%; escarpadas entre el 50 y 75% y áreas protegidas en un 84 % de su territorio según evaluación realizada con drones por la corporación que ejerce el control ambiental en el Valle del Cauca. 

Como ocurrió con el coquito de las zonas planas del Valle, la transformación técnica se podía asociar al surgimiento del problema y había que revisar las llamadas por Voisín  “leyes” del pastoreo racional en la especificidad del pasto micay y las tierras frías del trópico andino al igual que el efecto regulador que pudiera estar ejerciendo el sombrío de las arborizaciones. 

Como habíamos sembrado en  las partes altas de algunos lotes pasto imperial (Axonopus scoparium) -un pasto de corte, también nativo- sin erradicar el micay para atraer por su gustosidad al ganado (que prefiere en su búsqueda de comodidad las zonas más aplanadas), la experiencia se utilizó para sembrar los lotes más afectados y al notar que las semillas vegetativas soportaban el rebrote intenso del “Chondur” se adoptó un sistema de cultivo que luego se mejoró con el uso del hoyador motorizado para preparar los sitios de siembra con excelentes resultados ya probados en 4 años de pastoreo rotacional pero con una sola restricción: no podía aplicarse masivamente debido a «la espera» de casi un año para su aprovechamiento por el ganado, así que debía cultivarse de manera escalonada partiendo de los lotes más afectados. 

Igualmente, con un esquema similar se introdujeron algunas especies de braquiaria, atraídos por el crecimiento y aprovechamiento rápido del forraje. El B. decumbens es el que ha dado mejor resultado pero lo trabajamos con prudencia ya que el ciclo largo de descanso que se tiene con el micay evita la presencia de garrapatas y garrapatillas, un problema difícil de manejar, mientras el decumbens no lo logra en sus 60 días de descanso. Igualmente ocurre con el pasto estrella que fue introducido en las llantas de los vehículos que pasaban por un sitio donde había algunos pequeños parches. Parece que el mejoramiento de los suelos que provoca la rotación Voisin crea condiciones favorables para su diseminación.

En mi próxima entrada se presentará el primer borrador del proceso explicativo basado en una adaptación del modelo desarrollado por Michel Sebillotte que se presenta a continuación tomado de Materón, Amparo. 2003.

Por lo pronto quiero presentar un vídeo reciente  para ilustrar al lector de la magnitud de la invasión de “Chondur” sembrado hace poco con braquiaria decumbens.

REFERENCIAS

Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC. 2025. Concepto técnico No. 257

Maturana, Humberto y Varela Francisco. 1996.  El árbol del conocimiento. Editorial Universitaria, S.A. Santiago de Chile, 13 Ed.

Morin Edgar. 2022. El error de subestimar el error. In Lecciones de un siglo de vida. Trad de Núria Petit. Editorial Paidos. Madrid, España.

Sebillotte Michel. 1988. System de culture. Un concept opératoire por les agronomes. In Materón Amparo. 2003. Anàlisis de traducción del texto: System de culture. Un concept opératoire por les agronomes de Michel Sebillotte desde el enfoque teórico de Rosa Rabadán. Trabajo de grado en la Licenciatura en Lenguas Modernas. Universidad del Valle. Cali. Colombia.

Voisin André. 1964. Influencia del suelo sobre el animal a través de la planta. Ciclo de conferencias dictados en Cuba. Mimeografiado.

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Agronomía, salud y bien-estar

Que tú alimento sea tu medicina
y tu medicina tu alimento"
(Hipócrates)

Hace poco, conversando con uno de mis hijos y un maestro de construcción, fuimos sorprendidos por el grito de una señora de unos 60 años que había caído en la esquina del frente. Corrimos los tres a auxiliarla y con mucho esfuerzo la levantamos. Su sobrepeso, un bastón y un carrito de supermercado llamaron mi atención. La señora contó que sufría osteoporosis y vivía con su esposo que estaba en silla de ruedas a causa de una trombosis. La situación activó el malestar que siento cuando veo personas con estas características, víctimas de la ignorancia que mantenemos sobre los modos de alimentarnos y el desarrollo de enfermedades crónicas; ignorancia que también tuve por mucho tiempo. Asumimos el problema de las enfermedades como desgracias personales que nos llegan, problemas de buena o mala suerte o causados por una genética familiar y no por nuestros hábitos alimenticios y estilos de vida socioculturalmente determinados. Una agronomía reducida a la investigación sobre productividad y ganancias también tiene responsabilidad cuando asume la agricultura solo como negocio. Cuántos médicos saben que los alimentos que consumimos están no solo contaminados con agrotóxicos, sinó también, profundamente transformados en sus contenidos estructurales de aminoácidos, hormonas, vitaminas, ácidos grasos y micronutrientes esenciales; muchas sustancias necesarias para el desenvolvimiento metabólico normal de nuestros organismos. André Voisín, bioquímico convertido en ganadero a causa de la crisis productiva de las zonas rurales francesas en la segunda guerra mundial, combinó los conocimientos disponibles en su época con sus experiencias y los saberes campesinos para crear un enfoque complejo de las relaciones entre la nutrición, los entornos ambientales, los usos de los fertilizantes químicos -la moda de su época para incrementar la productividad de la agricultura¹- en la generación enfermedades de animales y humanos invitando a la prudencia en las decisiones agrícolas y en la investigación agronómica, una actitud que hoy día es fundamental si se quiere hacer agricultura de bajo impacto y acomodada al comportamiento de la naturaleza.

La re-lectura de otros pioneros como Voisín a partir de la inmensa información que hoy existe sobre la vida micro y macro de los suelos combinada con los desarrollos del conocimiento médico y de las enfermedades del ecosistema planetario, provocaría mejor comprensión de la génesis de los problemas que afectan nuestra vida cotidiana y mostraría caminos interesantes en la búsqueda de soluciones.

Con Voisín aprendí que las aplicaciones exageradas de Nitrógeno (N) al suelo provocan deficiencias de cobre, elemento fundamental en el metabolismo de las plantas para la síntesis de la vitamina C en frutas y verduras; igualmente, el exceso de abonos potásicos empobrecen doblemente el magnesio (Mg), deficiencia que afecta el sistema nervioso y muscular de los animales de tal manera que mueren víctima de convulsiones (tetania de la hierba). Recordemos que el magnesio es esencial en la alimentación humana ya que participa en cerca de 300 funciones metabólicas²; igualmente aprendí que no es lo mismo utilizar sales minerales aplicadas al suelo para que las plantas las integren en sus productos orgánicos que los aportes en forma de suplementos nutricionales. Voisín pudo explicar de esta manera, las inconsistencias que presentaban las investigaciones sobre las deficiencias de manganeso y la presencia del aborto infeccioso del ganado o brucelosis. Con su lectura aprendí que desde Luis Pasteur nos concentramos demasiado en el agente infeccioso, descuidando el ambiente donde se provoca la infección, el enfoque de Claude Bernard. Discusión que se desconoce en los cursos de fitopatología de las universidades formadoras de agrónomos. Hoy, entiendo que los dos enfoques son importantes y deben mirarse integralmente.

Por la época de Voisín, otro pionero, Robert Atkins era expulsado de la Asociación Médica Americana por afirmar que el azúcar era un antimetabolito. Su caso mostró las interferencias que ejercen las comunidades académicas en la producción de conocimientos cuando se encierran en paradigmas considerados verdades absolutas; o cuando son influidas por los intereses económicos.

Hoy, con mayor información en todos los campos del conocimiento se hace indispensable ampliar el trabajo interdisciplinario entre médicos, veterinarios, agrónomos e investigadores de las ciencias humanas para entender los problemas de salud que el mundo moderno ha generado.

Para la agronomía es también la posibilidad de actualizar una disciplina que se encuentra estancada en los criterios dominantes del siglo pasado. Recordemos que el tema de la alimentación no solo es el «calmante» del hambre de nuestras poblaciones, es un problema vivencial que a todos nos afecta cuando se convierte en el origen de nuestros problemas de salud³.

Nuevos enfoques de agronomía se requieren para superar las revoluciones verdes, ya agotadas, para intentar acomodarse a la naturaleza de la naturaleza caracterizada por su hipercomplejidad. La prudencia -como lo aconseja Voisín- en la gran intervención humana que llamamos agricultura debe ser una característica de los nuevos enfoques agronómicos. Recordemos que la agricultura es responsable del 25 % de los gases de efecto invernadero entre ellos del óxido nitroso 400 veces más peligroso que el CO2 y el metano y por lo tanto, con una gran responsabilidad en la salud planetaria. Se entiende ahora porqué los agricultores antiguos y los indígenas de las zonas tropicales dejaban «descansar» por varios años las tierras que se habían vuelto improductivas. El «descanso» de los potreros en Voisín es una estrategia obligatorio en su enfoque de pastoreo racional.

Se trata de abandonar el tipo de agricultura basada en recetas y paquetes técnicos que se repiten crónicamente sobre los campos de cultivo sin evaluar las transformaciones que provocan en los medios de cultivo y los efectos acumulados⁴ en el mediano y largo plazo. La Agronomía encuentra un campo abierto a la investigación para articular sus trabajos con las nuevas medicinas que están surgiendo a partir de los descubrimientos científicos de la última década (la autofagia, el ciclo circadiano, la bioquímica de las depresiones, la importancia de la relación desarrollo muscular/almacenamiento de grasas en la prevención y reversión de enfermedades crónicas; el papel que juega el bioma intestinal en el desarrollo o prevención de enfermedades,etc, etc.

NOTAS

1/ Tituló sus últimas conferencias antes de su muerte «Influencia del suelo sobre el animal a través de la planta»; relativizó las «leyes» formuladas por los químicos Boussingault y Liebig para la aplicación de abonos creando los conceptos de prioridad de la «calidad biológica» equilibrio y ecología dinámica en la evaluación de los experimentos agrícolas; su enfoque sobre el manejo de las pasturas es el origen de varias corrientes que transforman la ganadería extensiva de problema destructor de suelos, aguas y bosques en aliada importante en la reconversión de actividades que se hace en la actualidad para enfrentar el cambio climático, corrientes que se engloban en la denominación de «agriculturas regenerativas»

Se ha encontrado que la leche y carne de los vacunos alimentados solo con pasturas tienen un balance apropiado entre los Omega 3, 6 y 9, a diferencia de los alimentados con suplementos basados en granos para aumentar la productividad que tienen altos contenidos de Omega 6. De allí que estás carnes tengan un mayor precio en el mercado internacional, en especial, en Europa.


2/ Tomado de:
htt kmps://lpi.oregonstate.edu/es/mic/minerales/magnesio


3/ Carlos Jaramillo y Benjamin Ramírez, médicos colombianos, hacen excelentes aplicaciones a la reversión de problemas de salud crónicos. A modo de ejemplo:
Jaramillo, Carlos:
https://youtu.be/rMx_tFOtwRo?si=3yfkGG2wBYv5vnN7
https://youtu.be/oc_egDyn0RI?si=6UQMiiIkpBNh6UWJ

Ramírez Benjamín:
https://www.youtube.com/live/xxGCNIH2nqA?si=0qFPiGFg-pq1dyFl
https://www.youtube.com/live/Q_FEHyaSDU0?si=EWWjtvo-HSKk0Ozm
https://www.youtube.com/live/UEqmJgFTFpk?si=fidxxybiORD9-mR8

4/ El «efecto acumulado» es un concepto elaborado por Michel Sebillotte.

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EL ARADO DE CHUZO MOTORIZADO. NUEVOS USOS Y ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE SU POTENCIAL PARA ENFRENTAR EL CAMBIO CLIMÁTICO. CUARTA PARTE

La aventura de construir un equipo para mejorar la eficiencia del trabajo de los agricultores piñeros de pequeña escala me condujo por caminos insospechados. Muy joven -en mis primeros años de ejércicio profesional – había trabajado intuitivamente la investigación en el nivel de finca cuando confronté lo aprendido en la academia con la experiencia productiva en las condiciones cálidas y húmedas cercanas al Pacífico colombiano. En aquella época solo el ICA¹ hacía investigación agricola en las tierras fértiles y planas del Valle del río Cauca establecíendo la «típica, incontrovertida e incontrovertible» relación vertical de enseñanza de resultados a los jóvenes estudiantes de Ingeniería agronómica. Allí descubrí el papel jugado por la observación y el accidente en la producción de saberes al encontrar por azar el valor de las «malezas» en el control de la «escoba de bruja del cacao» y en mi búsqueda de soluciones, un libro de André Voisin² que revolucionó mi modo de pensar la agronomía y mi actitud frente al conocimiento empírico que consideraba -para mi sorpresa- la otra ciencia de la agricultura. La situación me hizo despertar la búsqueda insaciable de lecturas de diversas disciplinas que fueron forjando una mirada crítica y un pensar que intentaba superar los dogmas del establecimiento académico y sus modelos mentales encerrados en disciplinas compartimentalizadas, generadores de incapacidad para establecer relaciones comunicativas con los «distintos». Una búsqueda sin término como titulara Karl Popper su autobiografía.

Comprendí -a posteriori- que mi mente estaba creando un dispositivo abierto de creación de saberes que me «vacunaba» contra la «eterna reproducción de lo mismo» del sistema escolar con sus planes y programas de estudio rígidos que anulan la pasión y placer que produce el conocer, su íntima conexión con el hacer y el contexto de la creación; crean enfermedad mental en muchos profesores y degradan el debate racional al convertirlo en conflicto personal; modelo educativo que causa mucho aburrimiento en los estudiantes, tal vez una de las causas de la degradación de la educación en Colombia. Terminé «recluido» -por fortuna- en el Departamento de Sociales, para ofrecer los cursos de Extensión Rural a zootecnistas y agrónomos, el espacio que necesitaba para trabajar mi enfoque, promover en los estudiantes una mirada crítica que provocara rompimiento con los esquemas transmisionistas de enseñanza en los que se fundamenta la extensión y transferencia de tecnología pensando que podrían ejercer en su práctica profesional una interlocución auténtica con los agricultores³, un intercambio sobre las experiencias múltiples que se adquieren cuando se hacen intervenciones sobre ese mundo hipercomplejo que llamamos «naturaleza». Y nada mejor que las laderas de nuestro trópico andino, de fragilidad extrema, combinación de estabilidades e inestabilidades que provocan una admirable exuberancia en la vegetación natural de la que se pueden beneficiar los cultivos y especies animales útiles para nuestra alimentación, regulación de las aguas, el clima, el planeta; sumamente resiliente cuando se ejecutan prácticas de baja intervención acordes con su naturaleza. Entorno ambiental cada vez más incitante a medida que nos acercamos al Pacífico. La investigación en aquella época era solo una «chifladura» de algunos profesores «despistados». De André Voisín aprendí no solo su esquema de rotación «racional» de pasturas, las causas de su degradación, la inutilidad de la roturación de los suelos para la recuperación de las praderas y.el trabajo invaluable que realizan las lombrices de tierra a quienes llamaba «las pequeñas liliputienses» del suelo en su famoso libro Dinámica de los pastos.

El «dispositivo abierto» empezó a producir otros efectos inesperados. Me condujo muchos años después, cuando la Universidad empezó a impulsar la investigación formalizada- a Michel Sebillotte⁴ un agrónomo francés que buscaba transformar la agronomía en una disciplina científica, impulsaba la interdisciplinariedad, privilegiaba la investigación en fincas sobre la investigación en condiciones controladas (laboratorios, centros experimentales) reflexionaba sobre conceptos que permiten orientar la investigación agricola desde la ruralidad y «de la mano» con los agricultores. Con ese «dispositivo abierto» y la guía conceptual de Sebillotte, iniciamos nuestras investigaciones en el municipio de Dagua, en aquella época el primer productor de piña en el departamento del Valle del Cauca. El arado de chuzo motorizado, si bien se creó poco después de mi retiro de la Universidad, fue un producto de estos procesos y de la colaboración de Orlando Agredo, un piñero que me cedió un pequeño lote para mi primera experiencia con el hoyador de la desbrozadora Beaver máquina que me inspiró la creación del prototipo «Otto» y luego me condujo a vivir la doble condición de investigador-agricultor en un lote en alquiler con el tamaño utilizado comúnmente por los piñeros de pequeña escala; una dualidad que me hizo superar la observación del trabajo del «otro» por la observación participante que hace conocer los avatares propios del mundo del agricultor sin abandonar el oficio del investigador. Esa dualidad me inspiró una reconstrucción total de mi identidad agronómica y personal como a Murdock en el famoso cuento sobre el etnógrafo de Jorge Luis Borges.

Los nuevos usos del hoyador a chuzo motorizado pensado inicialmente para el cultivo de piña bajo el esquema de labranza mínima y su conversión reciente en un arado de chuzo para otros cultivos, tiene una historia que ilustra los papeles que juegan el azar, las intuiciones que produce la mente y guían nuestras búsquedas inconscientes, el estar en estado de alerta a la observación de los detalles anormales, nuestros errores y sus interpretaciones a la luz del estado del conocimiento actualizado, de las conversaciones con los «otros»; algunos aspectos que profundiza Edgar Morin en su libro «Los siete saberes necesarios para la educación del futuro»⁵ con quién terminé teniendo muchas afinidades. Antes había seguido con curiosidad el modo de investigar de Thomas Preston⁶, de quién aprendí a desligarme de los rituales metodológicos de la investigación agrícola estructurada desde los centros experimentales que delegan en los expertos del diseño estadístico, la producción de las «verdades» técnico – científicas.

El hoyador motorizado se archivó un tiempo en la finca hasta que un joven que había trabajado en el piñal me pidió el equipo en préstamo para hacer un pequeño cultivo para el autoconsumo en el patio de la casa donde vivía en alquiler. Nuestra frustración fue grande cuando descubrimos que el motor estaba inservible. Probablemente había sido «encamisado» en algún taller de reparación de motores para alargar su vida ya que para la época no se conseguían repuestos. La humedad ambiental, muy alta en la finca, produjo una oxidación interna, especie de soldadura imposible de despegar. Tenía claro desde que entregué el equipo a la Universidad que debía conseguir un motor de guadaña moderno pues el de la Beaver estaba obsoleto y aunque era todavía usado en la zona cafetera en aquella época, su carburador de flota que se alimentaba por gravedad, era de reparacion dificultosa cuando empezaba a fallar. Los buenos recuerdos de la experiencia vivida en el piñal y la posibilidad de que fuera útil para la siembra de algunas hortalizas alimentaban mi esperanza de encontrarlo algún día. En el entretanto me concentré en el desarrollo e investigación de la ganadería de ladera con el enfoque de André Voisin y observaba con curiosidad el trabajo de mi compañera indígena que aplicaba sus saberes ancestrales e iba reconociendo sus límites.

De nuevo, el azar se hizo presente cuando adquirí una máquina Maruyama de segunda mano, que vendía un amigo muy barata. Fue un «sin querer queriendo» como decía el «Chavo del ocho» en los programas televisivos de humor que veían mis hijos cuando eran pequeños. Observé que su acople al clutch podría encajar en la estructura de la vieja Beaver y la adquirí pensando que si no servía la podría utilizar en algunos trabajos más exigentes en potencia que mis pequeñas Shindaiwa. La adaptación fue muy simple y con la ayuda de otro mecánico amigo le quitamos un pequeño roce de la campana del clutch en el acople. El motor es más pesado y aunque está sobredimensionado no es necesario acelerarlo a fondo para ejecutar el trabajo del ahoyado y por lo tanto el consumo de combustible es muy bajo. Guardo la esperanza de convertirlo algún día en eléctrico ya que la marca Maruyama posee una guadañadora de batería que tiene el mismo acople. Aún no la he podido conseguir. También mis intercambios con trabajadores de estás tecnologías me condujo recientemente a conocer en Cali un pequeño taller de reparación y venta de equipos cuyo dueño con una experiencia de más de 30 años me suministró la estructura de soporte de las correas y poleas de la beaver que tenía archivadas, indispensable para manipular el torque y protección de la máquina y del operario cuando la broca encuentra obstáculos en el suelo (raíces o piedras). También un motor mucho más liviano de la marca Husvarna que me encuentro probando en la actualidad en la preparación del suelo para la siembra de pasto imperial, funcionando a la perfección hasta el momento.

La «resurrección» del ahoyador hizo que se desprendieran en cadena diferentes usos después de algunas demostraciones a mi compañera en su «tull»⁷. Primero, mi «locura» de sembrar eucalipto en un pequeño lote de alta pendiente que se dedicaba al pastoreo. Allí se aplicaron todos los saberes adquiridos en el piñal y se invirtieron solo 4 días en el establecimiento de 800 árboles, incluyendo todas las labores previas al ahoyado y siembra; luego

Eucaliptos acompañados con «malezas» diversas y chagualos creciendo muy bien a pesar del «niño» que se presenta desde el año anterior

la necesidad de reconstruir cercos de alambres de púas me condujo a adquirir una broca moderna para hacer huecos profundos. Se vivió -entonces- la misma experiencia de los inicios del piñal que me obligó a transformar la punta. La modificación mostró sus

Broca modificada (izquierda)

bondades en la construcción de un módulo para agricultura protegida que luego uno de mis trabajadores convirtió en Rotavator para ayudar a mi compañera en la roturación masiva del suelo, una costumbre ancestral de su comunidad cuando se cultiva papa y cebolla junca o cuando el precedente de los cultivos a establecer son pastizales. Vinieron pequeños ensayos con maíz y soya con la antigua broca para piña combinada con cobertura de «malezas». Luego, la siembra de pasto imperial en un lote de pastoreo y con la nueva broca modificada arveja y yuca en «cajuelas» profundas con el esquema del Rotavator; con resultados espectaculares a pesar de la larga sequía que se viene presentando desde fines de mayo del año pasado y muy pocas aplicaciones de riego.

Cultivo de papa amarilla en suelos preparados con hoyador

La combinación de labranza mínima usando el hoyador motorizado y cobertura con «malezas» que se podan según las necesidades del cultivo -vivas y muertas- producen no solo disminución en la evaporación de agua del suelo sino, además, activación de múltiples procesos biológicos, captura de nitrógeno bacterial y carbono, disminución de insectos en los cultivos y otros beneficios económicos y socioculturales. Nuevos sistemas de cultivo empiezan a emerger a partir de la retroalimentación entre observaciones y resultados que compartiré con mis lectores, haciendo la diferencia con el Murdock de Borges que abandonó la escritura del informe de su experiencia con los indigenas. La adaptación⁸ al cambio climático -cada vez más acelerado- requiere del abandono también acelerado de las prácticas agrícolas destructivas de los medios de cultivo que ha caracterizado la industrialización de la agricultura del último siglo. Una agricultura protectora y protegida -a la vez- debe emerger. El año anterior, el 1⁰ de agosto/23 a las 7 AM tuvimos en la finca el peor vendaval que haya visto en mis 40 años de presencia en este territorio y gracias a la abundancia de árboles nativos en mis potreros no tuvimos daños que lamentar.

Nuevas interacciones con vecinos, con personas del pueblo cercano a quienes ofrecemos nuestros productos saludables -aún pocos- a precios bajos también están emergiendo, además de las observaciones agronómicas que alimentan mi espíritu investigativo y el placer que produce el conocer

Facilidad en la construcción de eras para hortalizas. Al fondo yuca con cobertura de «malezas»

NOTAS:

1/ Instituto Colombiano Agropecuario

2/»Influencia del suelo sobre el animal a través de la planta», una recopilación de 10 conferencias que ofreció por invitación del gobierno cubano cuando falleció de infarto en 1963

3/ Mi posición, radical, de abrir mis cursos al mundo de la ruralidad, casi terminan con mi expulsión de la universidad cuando un director de departamento inventó un proceso disciplinario en mi contra por «utilizar los recursos de transporte para mí beneficio personal», proceso que se contrarestó con facilidad con un ejercicio de divulgación de lo realizado, el apoyo inesperado de mis estudiantes y un pequeño escrito que titulé «envenenados envenenadores o envenenadores envenenados» que hacía evidente el ejercicio de persecución que estaba montando el señor este.

4/ La claridad sobre las diferencias entre agronomía y agricultura que ofrecía Michel Sebillotte en su ensayo sobre las tareas del agrónomo; su trabajo sobre los conceptos sistema de cultivo y sistema de producción; sus métodos de investigación entre otros aportes, produjeron una auténtica «revolución» en los modos de pensar el oficio agronómico de varios profesores estudiosos y provocó la constitución de nuestro grupo de investigación y la creación del Instituto de Investigaciones del Espacio Rural (IIER)

5/ https://edgarmorinmultiversidad.org/index.php/libros-sin-costo/94-los-7-saberes-necesarios-para-la-educacion-del-futuro-de-edgar-morin.html

6/ Había conocido de primera mano el modo de investigar de Thomas R. Preston en el campo de la producción animal. Llamaban mi atención su flexibilidad en el diseño y modificación sobre la marcha de sus experimentos cuando era evidente que no producírian resultados biológicos o económicos; su trabajo en las fincas de los agricultores; su mayor concentración en la relación costo-beneficio que en la productividad, entre otras innovaciones al ejercicio investigativo.

7/ Expresión indígena de la cultura Nasa que llama así a la huerta para el autoconsumo
que se hace cerca a la vivienda.

8/ Para el biólogo chileno H. Maturana, todos los seres vivos se adaptan al medio en un acoplamiento que hace el doble juego de acomodarse y transformar el medio.

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Si Ayudas a la Naturaleza, la Naturaleza te Ayuda¹. El caso de las Orugas En Myrsine guianensis. Segunda parte

En el bien está el mal y en el mal
está el bien
. Abelardo

¿Y si en lugar de mirar la invasión de orugas como una «plaga» pensáramos sus conexiones con la autorregulación planetaria², el fenómeno del niño fuerte que se viene presentando desde el mes de mayo/2023 y los procesos de transformación de la degradación ambiental que existía en una finca que adquirí hace más de 40 años?

Edward de Bono³ recomienda hacer experimentos mentales pensando a favor de las ideas que nuestra mente rechaza en lugar de los automatismos que provocan los modelos mentales de origen cultural o científico, reconociendo que el 90 % de los experimentos fracasan. Llamaba a este ejercicio «pensamiento lateral’. Veamos que resulta:

1. Posterior a la defoliación hay rebrote generalizado en los meristemos apicales de todas las ramas, como si el guianensis se hubiera convertido -por una vez- en caducifolio, con el consiguiente rejuvenecimiento y por lo tanto, renovación de los procesos fotosintéticos y captura de carbono. También, se observa en los sitios mas secos del relieve, que existe en el guianensis autorregulación de su follaje cuando algunas ramas pierden totalmente sus hojas como si fueran podas naturales, un fenómeno que no ocurre en los sitios de almacenamiento de humedad del relieve montañoso donde el follaje es exuberante. Las orugas intensificaron este proceso pero el rebrote de algunas ramas no es total.

Por otra parte, los cogollos jóvenes que van apareciendo con el rebrote alimentan generosamente pequeños insectos reforzando las cadenas alimenticias.

Generosidad del Myrsine nutriendo insectos pequeños
Generosidad del Myrsine nutriendo insectos pequeños

2. Los estiércoles de miles de orugas provocan procesos reactivantes del meso y microbioma del suelo -como ocurre con las heces de los animales que pastorean- sin necesidad de esperar la transformación lenta de las hojas sobre el terreno.

3. Igualmente, en el tiempo que dura la defoliación hay una reducción de la evapotranspiración arbórea ahorrando agua para la supervivencia propia y de la vida que le acompaña. Mis -ahora- hermosos pastizales de micay, especie nativa de los trópicos andinos húmedos y semihúmedos, cual sotobosque, complementan a la perfección el sistema de ahorro de agua del suelo debido al metabolismo C4 que tienen las gramíneas, más resistentes a la sequía⁴ y las altas temperaturas que los árboles, de fotosíntesis C3. Una espiral virtuosa que invita a pensar en el poder maravilloso de la naturaleza y en el modo de ayudarle para que también nos ayude.

Entonces, habría argumentos para abandonar por un momento la mirada trágica, milenaria, que conduce a calificar como «plaga» a estos extraños seres vivientes llenos de pelos urticantes para encontrar el bien dentro del mal como nos lo recomienda Abelardo. Se trata de explorar modos de intervención que reemplacen nuestra interesada y egocéntrica lógica humana por una relación de beneficio mutuo. Si mis árboles de chagualo aparecieron después de limpieza de helechales (pasturas degradadas) que fueron protegidos ahora es una oportunidad de mirar su comportamiento en una situación extrema de sequía.

El del epígrafe, no es aquel filósofo Francés de la edad media que quiero reivindicar, aunque debería hacerlo; es uno de los tantos amigos que encontré en el transitar por la vida, con el que me puedo pasar horas conversando de múltiples temas, de vez en cuando. Pintor de carros viejos, miembro de la comunidad Tao de Colombia, luchador incansable por la supervivencia de su pequeño negocio y de lo que llama «la doctrina». La afirmación de este raro personaje, de manos encallecidas, delgadez extrema, pelo largo recogido en cola de caballo y barba hirsuta, es la expresión del cambio de un modelo mental basado en oposiciones excluyentes por las dualidades enriquecedoras; lo uno o lo otro por lo uno y lo otro. Así que, las dualidades del mundo físico, aporte de la cuántica, se pueden llevar al mundo de las ideas para provocar un desplazamiento hacía la forma de mirar y examinar los problemas de «nuestro» mundo real, hacia los «ojos-ideas» que condicionan las miradas para no re-caer en el eficientismo o en el productivismo de los economistas del desarrollo, un camino muy reducido que no solo agotó sus posibilidades sino que es responsable de la mayoría de los males planetarios.

Con el guianensis, el arbusto ‘chilca’ (Bacharis sp)⁵ y con mis procesos de investigación en cultivos de piña asociada con «malezas» en las laderas del Cañón subxerofitico del rio Dagua, aprendí que el mejor modo de ayudar a la naturaleza es permitiéndole que exprese sus dinámicas propias en el sitio donde nos encontremos. Tuve la fortuna de iniciar mi ejercicio profesional en una zona de transición de la cordillera occidental y el Pacífico colombiano a varios kilómetros de mi finca pero en la vertiente que construyó el río Digua, un territorio difícil, de tierras muy cálidas y húmedas, a 800 msnm rodeado a lado y lado por dos montañas que podrían ascender hasta los 1800 msnm imposible para el establecimiento de las revoluciones agrícolas originadas en los países de zona templada, el objeto de enseñanza en mi universidad. Así que me ví rápidamente obligado a aprender de los saberes locales y fortalecer mi espíritu investigativo para hacer adaptaciones tecnológicas. Optar por una suerte de eclecticismo conceptual al que buscaría coherencia con conversaciones, observaciones, experiencias de campo; reflexiones⁷. Allí también aprendí que debía existir, en paralelo, un territorio mental abierto a las especulaciones, a la formulación de hipótesis diversas y que no debía temer a las contradicciones lógicas propias del mundo de las ideas; que se debía permitir al pensamiento fluir por el camino de descubrir «pistas» para la toma de decisiones evadiendo el camino fácil e irresponsable de los agrotóxicos. También aprendí, mucho después, a perfeccionar -en las interacciones con mi compañera- la conexión entre la salud del planeta con la producción de alimentos, la salud humana, animal y vegetal; a cambiar sobre la marcha mis decisiones porque los ojos-ideas a veces ayudan y otras no, a la viabilidad de los nuevos paradigmas.

Hoy, en una época de cambios permanentes y en especial del cambio climático con sus efectos desconocidos en cada sitio, hoy más que nunca debemos aprender a navegar al lado de las vicisitudes e incertidumbres como plantea Edgar Morín en su guía de principios que denominó EL PENSAMIENTO COMPLEJO.

La no intervención en el caso del consumo foliar de las orugas de la mariposa «bruja» surge con el respaldo de estas ideas y hoy, cinco meses después, veo maravillado los árboles de guianensis recuperandose.

Auto-regulaciones de follaje en sitios muy secos
Recuperación de follaje de un árbol defoliado

NOTAS
1/ Eslogan publicitario que surgió en 2009, cuando me ví obligado a vender en las calles de algunos barrios de Palmira la piña orgánica que producía con el sistema de cultivo de mínima labranza y convivencia con malezas. El eslogan era una respuesta al desconocimiento de los consumidores sobre el concepto «orgánico». Colocaba la llanta de repuesto de mi viejo Land Rover sobre su capó donde se exponían las frutas, mientras uno de mis hijos tocaba las puertas ofreciendolas; una estrategia de sobrevivencia temporal para evadir la sobre-explotación del trabajo agrícola que hacen los intermediarios en Colombia y recuperar los costos de la investigación.

2/ La hipótesis Gaia que James Lovelock construyó en sus conversaciones con Lynn Margulis la creadora de una visión microcósmica del origen y evolución de la vida a partir del concepto «autopoiesis» de H. Maturana.

3/ En un homenaje para recordar al gran E. F. Schumacher conocí una conferencia de Edward de Bono sobre su «pensamiento lateral» que me condujo a valorar ideas inaceptables a mis esquemas de pensamiento. Recuerdo en especial su famoso ejemplo «y si las llantas fueran cuadradas?». Invitaba a pensar en los beneficios que provocaría lo inaceptable para luego construir soluciones a problemas que combinarán lo aceptable con lo inaceptable.

4/ Entre Mayo y Septiembre, cinco meses, solo cayeron 303 mm, mientras en Octubre, uno de los meses más lluviosos del año 231mm.

5/ Mejorados por el efecto acumulado que provoca el sistema de rotación de 1-2 días de ocupación y el periodo largo de descanso que utilizo para disminuir las poblaciones de garrapatas que en las regiones tropicales se elevan en los períodos de verano.

6/ Aspectos que se relatan en entradas anteriores.

7/ Si los ecosistemas que construye la naturaleza logran armonía en su biodiversidad, porqué no pensar en el desarrollo de pensamientos diversos coherentemente entrelazados? Una invitación a imitar a la naturaleza. Se trata de perder el miedo al castigo de los pensamientos unidimensionales y excluyentes y construir sobre la diversidad miradas que puedan reconocer la multidensionalidad de lo «real», enfoque indispensable para enfrentar los nuevos problemas que se nos vienen encima con el cambio climático.

BIBLIOGRAFÍA

https://www.researchgate.net/publication/351369248_Silvicultura_de_especies_americanas_Myrsine_guianensi

De Bono, Edward. (1980). Pensamiento lateral. In: R.D Laing, Amory Lovins, Ivan Ilich, John Michell, Fritjof Capra y E. de Bono. Para Schumacher. H. Blume Ediciones.

Maturana, H. (2020). La Objetividad, un argumento para obligar. Editorial Paidós, primera edición.

Reina, J.; Herrera, O.; Quintero, H. & Chaparro, O. (2018).Transformaciones del discurso agronómico para el desarrollo de sistemas de cultivo para piña en terrenos restringidos por pendiente y sequedad. En Rodríguez, L. (ed.). La emergencia de los enfoques de la complejidad en América Latina. Tomo II. Recuperado de:
http://comunidadeditora.org/la-emergencia-de-los-enfoques-de-la-complejidad-en-america

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ORUGAS GIGANTES DEFOLIARON VARIAS HECTAREAS DE Myrsine guianensis (Aubl.) Kuntze EN POTREROS ARBORIZADOS. Acerca de la necesidad de revisar el concepto de «plaga»

Este año fui sorprendido por un fenómeno excepcional en los procesos que construyo en mi finca desde 1982. Unas dos hectáreas de Myrsine guianensis¹ llamado por algunos chagualo y por otros cucharo, estaban defoliados por completo. El fenómeno llamó de tal manera mi atención que suspendí la publicación de la cuarta entrega sobre el arado de chuzo motorizado para dedicarme a curiosear sobre el tipo de mariposa (no la hemos observado aún) y especular un poco sobre las posibles conexiones con el fenómeno del niño fuerte que se viene presentando este año, sus interacciones con el manejo de mis potreros o la cosecha masiva de eucaliptos que ocurre desde hace un año en la finca vecina; ayudado por mi compañera y mis hijos que vinieron a visitarme para mi septuagésimo cuarto cumpleaños.

La pregunta sobre el «qué hacer» surgió de inmediato ante la preocupación de que el fenómeno siguiera avanzando a las áreas aledañas. Nuestro trabajador permanente, un jóven que proviene de las zonas cocaleras del Cauca y vinculado hace poco, planteó que se debía aplicar un insecticida de inmediato; una oportunidad para explicarle nuestra posición sobre el uso de pesticidas y sus efectos sobre todo el conjunto vivo que habita en el territorio, incluidos nosotros. Habíamos observado en varias ocasiones -al regreso de nuestro oficio de rotar el ganado diariamente- un pájaro «chocolatero» en sitios cercanos al lote defoliado pero aún no estábamos enterados de lo que estaba ocurriendo y solo admirábamos su belleza. Mi compañera entonces recordó que muy jóven había visto en su tierra a este pájaro picotear un gusano grande. Ella era partidaria del control manual. Mis hijos, habitantes de la ciudad, se encontraban fascinados con el relato de los aspectos biológicos del insecto y también especulaban junto a mi nuera con las temperaturas altas y la sequía que teníamos desde fines de mayo. Todos se asombraron con mi respuesta. No hay que hacer nada -les dije-, afirmación que parecía una provocación para continuar el pequeño debate. Pero el fenómeno parecía que estuviera cediendo, se observaban muchas larvas muertas como si estuvieran deshidratadas y una «gusanera» que encontramos en la base de un árbol jóven en un solo día redujo su población casi en un 80 %. Lo cual nos llamó fuertemente la atención y hoy, a un mes de las lluvias frecuentes de octubre y principios de noviembre, no es posible encontrar ninguna oruga.

Parece que organizaciones productivas (que logran cierta estabilidad a través del tiempo) se desordenan con el fenómeno del niño que actuaría como gatillador (en el lenguaje de Humberto Maturana) de sobrepoblaciones de diferentes insectos. Hay una coincidencia con el fenómeno del niño (1969 en la Universidad, 2015 en la finca para el caso de las mariposas «brujas», como también ocurrió en dos ocasiones con una falsa monarca en 1982 y 1986). Esta especie, consumidora específica de la salvia amarga (Austroeupatorium inulifolium), no se ha vuelto a observar en estado de sobrepoblación.

Orugas de falsa monarca alimentandose

Continuará…

SEGUNDA PARTE: Un debate sobre el concepto agronómico de «plaga»

1/ Para mayor información consultar Sobre como arboricé mis potreros dejando actuar la potencia de la naturaleza

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El Arado de Chuzo Motorizado. Nuevos Usos. Tercera Parte

Un problema a resolver… un poco de imaginación, el saber práctico de personas que en pequeños talleres se fascinaban con mis «locuras» colaborando por unos pocos billetes. Sí, también algo de suerte…

Palmira se hacía llamar la capital agrícola de Colombia. En su feria se admiraban las adaptaciones para las maquinarias y tecnologías importadas, que la transformación rural impulsada por la cultura agrícola de los migrantes japoneses requería. Cultivos de soya, sorgo, algodón entre otros, recubrieron muchas tierras dedicadas a ganadería extensiva de algunos adinerados. Trasfondo de muchas innovaciones; talleres que desaparecieron a medida que desaparecían también estos cultivos para abrir el camino a la industria de la caña, beneficiaria indirecta del abandono de las tierras por el miedo de los agricultores a los secuestros.

Foto No. 1

La guadaña «Beaver», también japonesa, tenía un diseño que facilitaba las modificaciones. Una caja (Foto No. 1) que convertía 16 revoluciones del motor en una de la broca dando fuerza para romper la estructura del suelo (16/1); una entrada lateral a la caja que permitía empalmar con cuadrantes fáciles de construir las dos puntas del eje que actuaría como «cardan» girando con facilidad dentro de un tubo viejo de una guadaña inservible (el reemplazo de la guaya) el principal problema a resolver. Nada imposible de hacer con las herramientas y equipos de nuestros talleres sin futuro; bastaba un torno, algo de soldadura para hacer la transformación y algunas piezas viejas de otras guadañas. Se hizo la primera prueba en el antejardin de mi casa. Buen trabajo, muchas ilusiones. Luego, en un lote en alquiler en el trayecto a la finca para hacer una prueba no solo de la preparación del suelo si no también de los nuevos componentes de un sistema de cultivo que había que construir sobre la marcha observando las respuestas de la plantación y corrigiendo donde fuera posible corregir. Había que explorar un manejo tolerante de las «malezas» que diera estabilidad a la humedad del suelo, aportara condiciones favorables a la vida microbial y mesofauna y en el mediano plazo nutrientes al cultivo; también el uso de un abono orgánico para las necesidades inmediatas y un arreglo de la población vegetal que facilitara la poda de las malezas con guadaña para bajar los costos de mano de obra de las limpiezas, entre otras modificaciones al sistema de cultivo.

Foto No. 2

El terreno estaba cubierto de rastrojos y gramas con pendientes entre 20 y 30%. 30000 hijuelos esperaban la siembra. Empezaron de nuevo los problemas. La broca no penetraba bien y se atoraba con las raíces densas de una grama muy hábil para explorar nutrientes. Plan B, un motor más potente (Foto No. 2). Nuevo problema. Ahora la fuerza del motor producía un tirón que podía lesionar al operario cuando la broca encontraba obstáculos a su trabajo. En el entretanto se empezó a sembrar como lo hacían los piñeros que había conocido con anterioridad, a «chuzo» como los aborígenes que habitaron nuestras tierras tropicales.

Foto No. 3

Aconsejado por los trabajadores de los talleres se probaron otros tipos de brocas. El diseño de la Beaver parecía ayudar. Disponía de dos poleas que hacían la transmisión desde el motor a la guaya (Foto 3). En las conversaciones, apareció una propuesta, ¿por qué no cambiar el tamaño de las poleas y obtener una relación que mejore el torque de la máquina? De inmediato surgió el sitio donde podían construirlas de aluminio fundido, luego un tornero las acabaría de pulir. Nueva prueba en el terreno. Mejoró. La transmisión con correas amortiguaba a la perfección el golpe sobre el operario cuando había un obstáculo que impedía la penetración. Pero seguía el problema del enredo de las raíces en la punta de la broca. Debía limpiarse con mucha frecuencia haciendo perder tiempo. Había «algo» en el diseño que le impedía funcionar apropiadamente. Una hipótesis surgió mientras observaba el trabajo de un operario que perforaba una pequeña lámina de hierro con un taladro de banco. Cambiaba las brocas para aumentar el diámetro pero al comenzar hacía un pequeño punto con un punzón y un martillo para guiar el trabajo del taladro, al que denominaba «centro-punto». Así alineaba a la perfección la primera broca. Fue el origen de una de las modificaciones más importantes al prototipo para cultivar en la zonas de pendiente. Una broca de 1″ en la punta le daba estabilidad a la penetración, importante para que no resbalara en la pendiente y tuviera algo de precisión en el sitio de entrada. La forma cilíndrica de la punta se transformó en cónica para imitar el cambio de brocas (Foto No. 4) que había observado en el operario del taller; a medida que penetraba, el hueco sería más ancho y el movimiento del operario haría el «acabado» como se observa en el primer video que se presentó sobre el tema (Algunas tecnologías para cultivar en las pendientes de las montañas).

Foto No. 4

El resto de la historia se cuenta en: Reina, J.; Herrera, O.; Quintero, H. & Chaparro, O. (2018). Transformaciones del discurso agronómico para el desarrollo de sistemas de cultivo para piña en terrenos restringidos por pendiente y sequedad. En Rodríguez, L. (ed.). La emergencia de los enfoques de la complejidad en América Latina. Tomo II. Recuperado de: http://comunidadeditora.org/la-emergencia-de-los-enfoques-de-la-complejidad-en-america-latina-tomo-2/. Se lograban entre 1800 y 2100 huecos en un día de 6 horas efectivas.

Había desarrollado y probado un equipo que facilitaría el trabajo de los agricultores de ladera. Entregué el equipo a la Universidad para que desarrollara una versión comercial… pero parece que nuestras universidades no están preparadas para esto.

Algunas diferencias con los modelos actuales:

  • Menor consumo de carburante (la modificación en la punta hace más eficiente la penetración de la broca en el suelo).
  • La colgadera sobre el hombro permite subir la broca con facilidad arrastrando material hacia afuera y permitiendo a la máquina re-acelerar para impulsar con mayor fuerza la penetración.
  • La transmisión basada en correas y poleas produce amortiguamiento de los golpes al operario cuando ocurren atascamientos causados por obstáculos como piedras o raíces gruesas. Ahora, a mis 73 años aún puedo manipularla.

Una parte de la historia falta por contar. El archivo del equipo por unos 10 años y su «resurrección» como arado de chuzo para continuar vigente en cultivos distintos a la piña. Próxima y última entrega. También, algunas observaciones muy recientes sobre respuestas de las plantas en pleno crecimiento al impacto que provoca de escasez de lluvias el fenómeno climático denominado «el niño», aspecto de interés para mirar cómo puede la agricultura enfrentar el cambio climático. Muy pronto, cuarta parte

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El Arado de Chuzo Motorizado. La Génesis del Prototipo «OTTO». Segunda parte. Conectando experiencias

Al observar las dificultades de trabajo con el barreno holandés modificado, recordé la época en la cual intenté por primera vez intervenir el sistema tradicional de pastoreo que existía en la región. El modelo era una adaptación que crearon colonos migrantes principalmente pastusos y paisas a las laderas andinas, inspirados en el pastoreo extensivo que veían en las tierras planas de los valles interandinos, la costa Atlántica y los llanos orientales. La vivienda, de madera, se ubicada estratégicamente para facilitar el movimiento de las vacas desde dos grandes potreros de rotación a una ramada para realizar tanto el ordeño a la madrugada como el transporte de la leche al sitio más cercano de venta a una hora o más de camino a caballo. El ganado, criollo multipropósito, de baja productividad en leche, permitía los ingresos suficientes para el pago del jornal de uno o dos trabajadores. La venta de animales generaba la renta al propietario. También existía un potrero pequeño para los terneros «apartados» y otra parte de la finca se dedicaba al crecimiento y engorde de las nuevas generaciones y para las vacas gestantes. El sistema, fácil de administrar, no demandaba la presencia permanente del dueño y aunque ideal para mi tiempo disponible (fines de semana) mostraba los síntomas de erosión que provocaba en las montañas de pendientes altas¹ el transitar diario de los animales al sitio de ordeño y su hábito instintivo de comer y caminar en grandes extensiones. De otra parte, el pasto micay exuberante, que había conocido desde pequeño en la finca de mis abuelos en tierra calida y húmeda, se comportaba como grama con presencia masiva de helechos y diferentes ciperáceas. André Voisin², a quien había descubierto en 1976, explicaba la degradación de las praderas por la incapacidad de los gestores del pastoreo para acomodarse a las edades fisiológicas de las pasturas, sus necesidades de tiempos de reposo y ocupación, sus interacciones con los animales, las herramientas de trabajo y el entorno ambiental, relato que presenta en «Dinámica de los pastos» y «Productividad de la hierba», en los cuales construye su propuesta de «pastoreo racional», todavía vigente -60 años después- cuando se busca que la ganadería apoye las propuestas de captura de carbono.

Voisin era el único referente que disponía para impulsar la transformación del modelo extensivo, tan inapropiado para nuestras montañas andinas. Pero existían múltiples restricciones y no conocía experiencias en condiciones similares a las laderas altas de clima frío, en el trópico, que me permitieran tener una visión de mediano plazo en el cual apoyarme. Así, un poco ciego, sabía que debía hacer muchos potreros y esperar respuestas para corregir y seguir construyendo3. Decidí, entonces, no exigirle al sistema-finca objetivos rentistas y con paciencia y mucha prudencia convertí en procesos de investigación las acciones necesarias para superar las restricciones4 que impedían la puesta en funcionamiento del modelo Voisin de pastoreo. Entretanto continuaba con el proceso de transformación de mi formación agronómica que se ponía a prueba en discusiones con estudiantes y algunos profesores, realimentando mis reflexiones y el intento de re-enfocar algunos cursos de agronomía y zootecnia. Varias derivas ocurrieron en la década del 80 que luego se fueron conectando entre sí.

El que ahora llamo «arado de chuzo motorizado» – que en algún momento deberá ser «electrificado»- se produjo por la decisión de aplicar los principios del pastoreo racional a las condiciones multidimensionales de mi finca. Otras emergieron de la evolución secundaria de algunas de las soluciones encontradas como ocurrió con la arborización que a la vez estimuló la presencia de aves y muchas especies animales o la captura de semillas de orquídeas, atractivos turísticos impensados en las fases iniciales del proceso, relatados en varios sitios de este blog; también la realización de múltiples ensayos para manejar las «malezas» de los pastizales o el establecimiento de cultivos de pancoger para nuestra alimentación y de las gallinas, que utilizan los estiércoles del ganado como abono. Después de utilizar un impulsor con un pequeño panel solar que produjo excelentes resultados en el territorio más cercano al ordeño con incremento en la productividad de los pastos y en producción de leche, tuve que retornar a los cercos de púas porque su funcionamiento dependía del interés del mayordomo y de su responsabilidad frente al trabajo, un aspecto incontrolable si no se vive en la finca³. Como el modelo tradicional extensivo no convive con árboles, los postes debían obtenerse de algunos reductos de bosques nativos o adquirirse. Así que inicié la construcción de algunos cercos de ubicación estratégica o la disponibilidad de agua para bebederos.

La necesidad de hacer eficiente mi poco tiempo disponible y de no distraer demasiado las rutinas cotidianas del trabajador me condujo a ensayar un equipo polifuncional marca Beaver, japonés, que además de guadañadora⁵ para la limpieza de las zonas enrastrojadas disponía de implementos para usarse como hoyadora, taladro o motosierra. Se comercializaba en la zona cafetera para la renovación de los cultivos de café envejecidos. La experiencia fue frustrante. Los ensayos los hice en la zona cercana a la casa que se encontraba altamente compactada por ser plana y utilizada por el ganado para dormir. La hoyadora penetraba con dificultad o no penetraba así que concluí -prematuramente- que la potencia del motor no era suficiente para las condiciones de los suelos de la finca, pero compré el componente del hoyador para improvisar una adaptación a un motor de otra guadaña que disponía. La innovación funcionó pero requería dos personas para su manejo, una para sostener el motor y otra para hacer el hoyado. Veinte años después, cuando disponía como pensionado tiempo suficiente para «botar corriente» en mis chifladuras con la investigación en piña, descubrí que bastaba una pequeña innovación en la punta de la hoyadora y hacer unos cambios en la transmisión del sistema Beaver para mejorar el torque de la máquina y resolver el problema.

Primera modificación de la ahoyadora Beaver. Reconstrucción para foto

Recién pensionado, inquieto por las investigaciones que no pude continuar en la universidad, propuse al agricultor Orlando Agredo, nuestro gran colaborador de esa época, probar el hoyador motorizado tal como venía diseñado y después de algunas pruebas exitosas se preparó un pequeño lote para 3000 plantas de piña. En aquel tiempo pensaba que el mullimiento era la principal causa de deficiencia en el prendimiento de los hijuelos y con la prueba que había realizado 16 años atrás en los pequeños huecos que hacia el «barreno holandés modificado» tenía muchas ilusiones sobre resultados exitosos. Pero no fue así. El lote se convirtió en un nuevo lote experimental sobre las variaciones fragmentarias a los sistemas de cultivo y la necesidad de hacer rediseños del sistema en su conjunto cuando se establecen cambios aunque sean pequeños. De igual forma, reforcé el concepto elaborado por Michel Sebillotte, a quien estaba empezando a estudiar, sobre el efecto de lo precedente (dimensión histórica del lote de cultivo). Fue entonces el inicio de otra deriva que absorve mi tiempo en la actualidad, la del rediseño de los sistemas de cultivo que utilizan el hoyador como arado, una nueva integración de las experiencias anteriores (ver Bibliografia).

En cuanto a la hoyadora Beaver, la experiencia indicaba que su motor a la espalda con transmisión basada en guaya era inapropiado para el oficio de huequear ya que se reventaba a menudo cada que la hoyadora encontraba un obstáculo que le produjera un frenado brusco (una piedra o una raíz de un arbusto) obligando a llevar a un taller de soldadura. Allí surgió la idea de hacer un cardán lo suficientemente largo para que pudiera colgarse como las guadañas, aspecto que producía como beneficio que reducía el esfuerzo del operario en el soporte de la máquina y aumentaba la eficiencia en el trabajo del hoyado.

Guaya para permitir flexibilidad desde el motor a la espalda de la Beaver

Lo que parecía solo una técnica que reemplazaba otra, empezó a crear condiciones para la transformación total de los sistemas de cultivo donde se iría a aplicar. Debo mucho a los jóvenes que recuperaron mi trabajo sobre el cultivo de piña y a Michel Sebillotte la mirada teórica que me permitió interpretar agronómicamente lo que estaba realizando intuitivamente a partir de los problemas de los agricultores y la búsqueda de soluciones. También a Alfonso Villegas que me inició en las artes del cultivo de la piña.

Reanudé así mi propia revolución conceptual, tejiendo experiencias con lecturas de diversa índole y muchas conversaciones con mis compañeros de equipo sobre mis trabajos de campo.

TERCERA PARTE: Las modificaciones a la hoyadora Beaver y los nuevos usos.

Habrá futuro?

NOTAS

1. Según CVC, la corporación ambiental que controla el uso del suelo en la región, la finca tiene entre el 50 y 75 % del área con pendientes escarpadas, entre el 25 y el 50 % fuertemente quebradas y menos del 3.5 % planas

2. Mi eterno reconocimiento a este investigador a quien le debo el inicio de mi revolución conceptual agronómica. Voisin me inspiró re-interpretaciones de las experiencias agropecuarias de mi familia que me ayudaron a cuestionar las ideas académicas importadas por el economicismo desarrollista descalificador del mundo campesino y las laderas que subvaloraba por atrasado. Thomas R Preston, investigador británico trashumante, califica ese mundo que muchos quieren copiar, como «insostenible» . ver:

https://www.engormix.com/MA-ganaderia-leche/videos/sistemas-agricolas-integradosla-alimentacion-produccionenergia-sostenible-partirbiomasa-t38917.htm

3. Hoy dispongo de 180 pequeños potreros que me permiten pastoreo de un solo día, descansos profundos -de más de 120 días- para el control de garrapatas, y la flexibilidad suficiente para «saltear» lotes o sembrar imperial para competir con el «chondur» a base de sombra o reorientar algunos planos para hacer pequeños cultivos orgánicos

4. No había carreteable, ni luz eléctrica y la venta de la leche se realizaba a precios bajos a intermediarios. La nueva vía al mar había generado crisis en restaurantes y la economía de quienes sobrevivían de la venta de derivados a pasajeros y camiones que iban y regresaban de Buenaventura

5. En algunos sitios le llaman desbrozadora

BIBLIOGRAFIA

Reina, J.; Herrera, O.; Quintero, H. & Chaparro, O. (2018).Transformaciones del discurso agronómico para el desarrollo de sistemas de cultivo para piña en terrenos restringidos por pendiente y sequedad. En Rodríguez, L. (ed.). La emergencia de los enfoques de la complejidad en América Latina. Tomo II. Recuperado de: http://comunidadeditora.org/la-emergencia-de-los-enfoques-de-la-complejidad-en-america-latina-tomo-2/.

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El Arado de Chuzo Motorizado y sus Multiusos. Primera Parte

Inicialmente imaginé la hoyadora motorizada sólo para cultivar piña. Trataba de resolver algunos de los problemas encontrados en cultivos de agricultores de pequeña escala y específicamente en la variedad «manzana», una mutación de la «perolera», variedad criolla que se cultiva en las tierras áridas y montañosas de Santander del sur. Su traslado a la zona cafetera de suelos fértiles con lluvias bien distribuidas durante todo el año y con el paquete de manejo y fertilización «moderno» importado de Hawaii (preparación masiva de suelos con tractores, altas dosis de fertilizantes químicos, pesticidas y herbicidas) impulsado por un programa de diversificación y exportación de la Federación de Cafeteros, tensionó la genética de esta variedad provocando la mutación que empezaron a seleccionar agricultores y agrónomos hasta producir una masificación. El fracaso del proyecto de exportación inundó con la fruta las principales ciudades colombianas, creando un mercado interno que se estabilizó y desarrolló a través del tiempo¹. En el Cañón del río Dagua se producía en volumen considerable una variedad denominada «piña de agua» de buen tamaño pero con alto contenido de bromelina (servía unicamente para hacer jugos porque irritaba la boca de quien lo consumía en otras presentaciones) y era poco resistente al transporte. Demandaba como prácticas de cultivo solo la siembra de hijuelos y limpiezas según nos relataron algunos ancianos. La emergencia de la piña «manzana» destruyó las organizaciones productivas de los piñeros dagueños y entraron en crisis. Igualmente ocurrió con el otro cultivo que existía en el cañón, el fique, por la aparición de los costales de fibras plásticas.

Con la llegada de algunas personas llamadas ahora «emprendedoras», entre ellas Alfonso Villegas, creador de tecnologías adaptativas de la llamada revolución verde a las condiciones locales y funcionarios del Incora (Instituto colombiano de la reforma agraria), se logró la recuperación de la vocación piñera de la región del cañón, proceso que ocurrió entre las décadas del 60-80 del siglo anterior.

Hacia el 2000, dos jóvenes egresados de la Universidad Nacional de Palmira² interesados en el enfoque de investigación agronómica que Michel Sebillotte estaba desarrollando en Francia y en algunos países de América Latina, reportaron el encuentro de dos agricultores que sembraban sus lotes con el sistema de chuzo con barretón en la zona piñera de Dagua. Para nosotros era sorprendente porque habíamos aprendido que era necesario mullir bien el suelo si se quería tener prendimiento de las semillas vegetativas (hijuelos) y más cuando la zona tenía antecedentes de lluvias escasas y sembraban en cualquier época del año.

Con anterioridad, hacia 1984, había sembrado un lote con unas 10000 plantas de la variedad manzana que presentó problemas de malos prendimientos en los hijuelos debido a una preparación manual con azadón deficiente y si bien mejoró un poco con fertirriegos de caldos orgánicos no llenó mis expectativas como agrónomo; las variedades perolera y cayena no presentaron ese problema. Debido a que el mullido de forma manual en suelos arcillosos que se roturaban por primera vez porque eran lotes enrastrojados³ o antiguos pastizales presentaba muchas dificultades, se difundió en Dagua la preparación del suelo con tractores en las lomas de pendientes bajas y con bueyes en las restantes. También se difundió la quema previa de rastrojos para facilitar el laboreo, una práctica que desde la lógica agronómica y ambiental era contraproducente para la conservación de los suelos.

En esa época (1984), tuve acceso a una lectura en la cual se relataba la experiencia de un ingeniero americano que había desarrollado un cilindro de los que se usan para compactar los suelos de carreteras a los que soldó unas púas que al ser arrastrado por el tractor dejaba marcas cónicas en el suelo. La palabra impronta en el título del artículo me llamó la atención pues la había aprendido de K. LORENZ y mi curiosidad me llevó a buscar el original en inglés. Mostraba el señor Dixon que la arquitectura del hueco -puntiagudo en el fondo- concentraba la humedad permitiendo que las semillas que traían los vientos nocturnos lograran germinar y crecer. Inspirado en esta información hice un pequeño ensayo con 20 semillas que sembré sobre los huecos dejados por un barreno de los que usábamos para tomar muestras de suelos. Al notar el prendimiento del 100% de los hijuelos hice construir uno más grueso para que el hueco fuera apropiado para el tamaño y crecimiento de la planta. Luego sembré alrededor de 1000 hijuelos con ese sistema.

Improntas dejadas por un barreno holandés modificado y experimento pequeño de cultivo de piña realizado con ese sistema de preparación del suelo. Fotografía J.O. Reina B (1986)

Lastimosamente la experiencia no llegó a feliz término porque el terreno fue vendido y quien lo adquirió no tenía ningún interés en los cultivos y menos en la investigación. Debieron pasar 18 años para que en otro contexto retomara estos trabajos gracias a las inquietudes de investigación de los dos jóvenes que comenté a la entrada del escrito. Así que desempolvé el barreno y sembramos 100 plantas en la finca de uno de los agricultores. La experiencia dio buenos resultados pero la roturada de esos suelos secos con el barreno era dispendiosa y demandaba mucha fuerza del operario. Ocurría ya el año 2005 cuando decidí retirarme de la Universidad debido al poco interés de las directivas locales de apoyar estos trabajos con agricultores y las propuestas de mi grupo de investigación orientado al desarrollo sostenible, eran desatendidas. En este momento surgieron los problemas y soluciones que me llevaron a la invención del equipo que ahora llamo arado de chuzo motorizado, debido a los nuevos usos que superaron el exclusivo en siembra de piña.

De ellos hablaré en la siguiente entrega.

BIBLIOGRAFIA

DIXON, R.M. 1983. Land imprinting for controlling infiltration and desertification process. American Society of Agricultural Engineers. Paper No. 83 -2514, 15p

NOTAS

¹/ Información suministrada por Alfonso Villegas, agricultor e inventor, ya fallecido.

²/ Byron Gómez y Pablo Acosta

³/ En Colombia, la expresión «rastrojo» hace referencia a un territorio que se deja sin cultivar por un tiempo considerable. Los campesinos hablan de lotes en «descanso»

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Retornan Floraciones en las Orquídeas Nativas de los Altos

Los 4 años muy secos que afectaron las floraciones del siete cueros Tibouchina lepidota (Bonpl.) Baill también lo hicieron con las orquídeas nativas, desapareciendo incluso algunas de las miniaturas¹.

Precipitaciones (mL) mensuales de los Altos en 2019-2022

Por fortuna el banco de semillas que proviene de mis bosques secundarios y la vecindad con las selvas tropicales al Occidente de mi finca; la condición fisiológica de crasuláceas que les hace sobrevivir por mucho tiempo en estado de fotosíntesis fútil; la proliferación de árboles en los potreros que provocan condensaciones de humedad de las neblinas que circulan a altas velocidades todos los días del año provenientes del Pacífico y actúan como barrera gracias a la presencia de musgos en el sitio que enfrenta el viento, convierten los potreros en sitios privilegiados de observación. Así que no se requieren excursiones de búsqueda sino estar vinculados con el trabajo de manejo de potreros que diariamente se hace en mi esquema administrativo de «Rotación Voisin»; también una sensibilidad especial para reconocer la hiper-diversidad de géneros y especies, sensibilidad que hemos desarrollado gracias a Liseth y Cristian² los pioneros en el trabajo de investigación en mi finca cuando eran jóvenes estudiantes de Ing. Agronómica de la Universidad Nacional y a Sebastián Moreno un biólogo egresado del Icesi, gran colaborador y consultor internacional, quien además de servir de guía a algunos estudiosos del tema, generosamente me responde con el nombre o género de la especie cuando le envío fotos; sensibilidad que se intenta desarrollar también en los trabajadores de la finca para evitar que las destruyan cuando hacen limpiezas o se corten árboles para el mantenimiento de cercos de púas o eléctricos.

Mi observación sobre estos fenómenos fisiológicos es el efecto no buscado de tener que realizar personalmente actividades de campo cuando eventos inesperados me sacan de mis rutinas sobre innovaciones tecnológicas para mejorar la sostenibilidad de la finca.

Miremos algunas de las orquídeas que han florecido por estos días

¹/ Precipitaciones de 2019/2020/2021/2022. Nótese la anormalidad del mes de Octubre que provocó derrumbes en mi carretera, fenómeno que no ocurría desde 2000 y paradojalmente beneficios para pastos y floraciones de muchas especies

²/ Ver en este blog Aumentan a 8 las Especies de Orquídeas ‘Nuevas para la Ciencia’ Descubiertas en los ‘Altos de San José del Salado’ en el cual se reporta la existencia de más de 100 especies nativas

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